Profesora Natalia Jawad



    

 

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Prueba 01 Diciembre

 

LA PRIMERA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL

La primera Revolución Industrial se inició en Inglaterra durante la segunda mitad del siglo XVIII,  convirtiendo a ese país en el “taller del mundo” y en la nación más rica del siglo XIX.

Durante el siglo XIX otros países se incorporaron a ese proceso de industrialización, el mundo se llena de fábricas, los ferrocarriles cruzan los continentes la población aumenta y se desplaza a vivir en las ciudades, la economía se organiza en una nueva manera, a base de Sociedades Anónimas, Bolsas y Bancos. La sociedad también se organiza en una nueva manera, en clases sociales que se basan en unos supuestos teóricos de igualdad de todos los hombres. Éste es el mundo en el que has nacido, un mundo que surge de una evolución total en todos los aspectos que afectan nuestra vida.

El invento fundamental de este proceso  fue la máquina a vapor, debida al ingenio de Watt. Inmediatamente,  se revelaron las posibilidades de este utensilio revolucionario aplicado en la industria textil, la primera industria desarrollada, luego en las minas y el transporte.

LAS MEJORAS TÉCNICAS

La primera etapa de la revolución industrial fue muy sencilla desde el punto de vista técnico: la demanda de productos había crecido, había empresarios dispuestos a arriesgar e invertir su capital y trabajadores excedentes del campo para contratar. Se innovaba para aumentar la producción, reducir los costos y ampliar los mercados; en resumen para vender y  ganar más.

Las primeras innovaciones se introducen en la industria textil: la lanzadera volante de Kay o las primeras hiladoras mecánicas aumentaron la producción del sector y abarataron los costos.  Poco a poco las máquinas se fueron extendiendo a los sectores minero, metalúrgico y agrícola. Ahora bien, para conseguir aumentar la producción había que eliminar la dependencia de las fuentes de energía tradicionales: humana, animal y eólica.  Fue la máquina de vapor la que permitió abandonar la dependencia y limitaciones de  las fuentes de energía tradicionales. Permitió accionar las bombas de agua en las minas, las máquinas de tejer, los martillos de las forjas y también se aplicó en medios de transporte: el ferrocarril  y el barco.

El segundo escalón de la industrialización en Gran Bretaña se situó en el sector del carbón y la metalúrgica. El carbón fue el combustible, “el pan de la industria”. Con él se alimentaban las máquinas de vapor y era igualmente necesario para la metalúrgica, que se estaba desarrollando con fuerza para proporcionar hierro para las nuevas máquinas.  Durante el siglo XVIII la demanda creciente de hierro  para fabricar barcos, municiones y herramientas, proporcionó el estímulo necesario para intentar encontrar un combustible menos costoso y más efectivo para la fundición del hierro en los altos hornos, que el tradicional carbón vegetal. La sustitución del carbón vegetal por el carbón de coque, con mucho más poder calorífico permitió el crecimiento del sector minero y la producción de hierro en  grandes cantidades.

La máquina a vapor también se aplicó al transporte. Su aplicación a los carruajes  fue un fracaso y solo se pudo construir un medio de transporte innovador al unir el sistema de vagonetas desplazadas por raíles, utilizado en las minas, con el invento de Stephenson: la locomotora. Así nacía el ferrocarril. Los ferrocarriles de vapor se convirtieron en el eje vertebrador del mercado interior, ya que permitieron aumentar la rapidez y capacidad de los transportes; sobre todo cuando también se aplicó el vapor a los barcos.

Finalmente, los nuevos sistemas de transporte acercaron a las personas, permitieron los movimientos de población, la fluidez del correo y la prensa, y dieron lugar a la creación de un ámbito de circulación internacional.

ANTES DE LA REVOLUCIÓN PRIMERA INDUSTRIAL

        

 

      

 

DESPUÉS DE LA PRIMERA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL