Profesora Natalia Jawad



    

 

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Escorbuto: "La enfermedad de los marineros"

El escorbuto no se convirtió en un problema de primer orden para los marinos hasta que los navíos emprendieron las largas travesías que los llevaron a la India o al Pacífico.

Esta enfermedad, entonces de origen desconocido, se atribuye inicialmente a causas diversas. Se piensa, así, que es una enfermedad producida por la sangre corrompida; se echa la culpa al frío viento del mar y a la madera verde de las naves, y para combatirla se recomiendan numerosos tratamientos entre ellos la prevención con sal y carne salada, ácido fosfórico, aceite de vitriolo, berros, rábano rusticano, mostaza, sidra, caldo de pollo, sangre de cobaya e incluso transfusiones con sangre de animales.

Numerosas fueron las expediciones que vieron mermada su tripulación por esta «plaga del mar». En 1499 Vasco de Gama perdió las dos terceras partes de sus hombres en su viaje a la India, Magallanes el 80% en su travesía por el Pacífico, etc.

Los síntomas son descritos con crudeza por Richard Walter, capellán de la expedición del Comodoro: piel negra como la tinta, úlceras, dificultades respiratorias, rictus en los miembros, caída de los dientes y, quizás lo más repulsivo de todo ello, una sobreabundancia de tejido de las encías expulsado a borbotones de la boca que se pudría de forma inmediata provocando, en el aliento de la víctima, un olor abominable.

Ante la seriedad del problema se prueban diversos remedios y, así, por ejemplo, James Cook somete a sus hombres a una dieta a base de malta, al tiempo que se preocupa por mejorar las condiciones de habitabilidad de los buques y las medidas higiénicas. No será, sin embargo, hasta mediados del siglo

XVIII cuando se lleve a cabo una investigación científica adecuada. En esas fechas James Lind (1716-1794), médico de la marina inglesa, realiza sus clásicos experimentos a bordo del HMS Salisbury. En el primer ensayo de terapia controlada de la historia de la medicina, Lind elige doce pacientes de escorbuto con cuadros clínicos lo más parecido posible. Los divide en seis grupos. Todos están alojados en el mismo recinto y reciben la misma dieta, pero cada grupo obtiene además, un complemento adicional distinto: sidra, vinagre o cítricos. Con ello demuestra el valor terapéutico de los cítricos y propugna la ingesta de ellos para prevenir esta enfermedad. En 1753 publica sus experiencias en un libro titulado A treatise of the scurvy. No es hasta 1795 que el zumo de limón se hace obligatorio en la marina británica y sólo en 1856 en la francesa. El agente que provoca el escorbuto todavía se desconocía. Es en el siglo XX, cuando se descubre que se debe a la falta de vitamina C.

 

FUENTE: http://books.google.com.uy/

“Canarias, otra mirada. Viajeros, exploradores, naturalistas”

Miguel Hernández, Masu Rodríguez